Sean Taylorllegó al campo de entrenamiento de Washington en 2004 como la quinta selección general, listo para brillar en la NFL. En 2007, Sports Illustrated lo había nombrado "El jugador que golpea más fuerte en la NFL". Ese mismo año, su vida se vio truncada en una invasión de su hogar.
Taylor jugó solo tres temporadas, pero todos en la liga sabían que era un talento en ciernes para la historia. Pocos jugadores trabajaron más duro o golpearon con más fuerza, y este retrato honra tanto su ferocidad en el campo como el legado que dejó en una carrera tan corta.










