El herradordesvía el centro de atención de los jinetes y campeones hacia las manos hábiles que mantienen vivo el deporte. Los herradores no entran en las pistas para recibir aplausos. Su trabajo tiene lugar en el calor tenue de la fragua y en el delicado punto de equilibrio donde un caballo levanta un casco. Creé esta pieza para destacar esta mezcla de herrero y veterinario, mostrando cómo estos artesanos dan forma a los mismos pasos que llevan a los jinetes a la victoria.
La composición abstracta se basa en señales visuales del soporte de herrar, el martillo y el yunque sin una representación literal. En cambio, evoca la tensión de los clavos clavados con cuidado, el silbido del hierro caliente y la paciencia tranquila necesaria para asegurar los cimientos de un caballo. Esto es dureza sin glamour, un tributo a las manos esenciales que hacen posible cada galope. Representada en alto contraste, la pintura pertenece a mi Serie Ecuestre en Blanco y Negro, que explora rincones olvidados de la cultura ecuestre con profundidad emocional y respeto.










